La respuesta global a los problemas económicos internacionales

11Feb09

Klaus Schwab - World Economic ForumPor Gabriel Mulero Clas, Esq.

Para IPEC

La semana pasada culminó la jornada de discusiones entre los más prestigiosos economistas, y políticos del mundo sin que se concluyera respuesta a la crisis económica actual.  Si se pudiera escoger una palabra para describir el ambiente que sofocó las innumerables charlas y conferencias en el pequeño pueblo suizo de Davos, lugar del reciente encuentro del Foro Económico Mundial, esta sería la penumbra.  Si en la sombra nos encontrábamos antes del evento, ahora estamos en la penumbra de un eclipse que aparentemente se mantendrá por años tapándonos del sol.  Pasó todo un fin de semana sin que se encontrara el faro para guiarnos por el turbulento mar económico en el cual algunos ya son náufragos.

Se explicó, ad nauseam, la debacle económica mundial desde variados puntos de vista describiendo y analizando hasta la última de sus circunstancias todo lo que hemos vivido desde comienzos del año pasado, pero de la misma manera que hubo explicaciones a granel, también se ofrecieron soluciones.  En general, se concluyó que no hubo suficiente regulación financiera, las transacciones carecían de la transparencia necesaria y que por lo tanto la información no fluyó como debió ser.  Estas circunstancias  ocasionan entonces una crisis en la confianza mundial, congelando así  las prestaciones bancaria por miedo al riesgo al que se exponen.

Se puede decir que en Davos se diagnosticó bien el problema y la prognosis es tenebrosa, pero ¿cual es el tratamiento necesario? La convocatoria de Klaus Schwab, fundador y presidente del foro sirvió de punto amistoso de encuentro entre los distintos jugadores a nivel mundial quienes lograron dar una franca definición del problema para entonces así pasar al asunto de la solución.

Varias ideas brillaron por su apoyo y básicamente se pueden dividir en dos caminos: las que intentan curar la herida con algún medicamento y las que quieren dejar que la herida se infecte para que los mismos anticuerpos del sistema la batallen a su debido tiempo.  Se trata del viejo dilema entre un mercado auto regulado y otro regulado por alguna institución supervisora.

El primer camino, del cual el denominado Dr. Doom: Nouriel Roubini y Peter Schiff han sido sus más prominentes promotores, se refiere a la opción de dejar que el mercado haga su labor en recuperarse. Según la teoría del mercado eficiente, la reciente depresión económica tiene una manera adecuada de resolverse: por si misma.  La explosión de la burbuja de vivienda debido a la implosión del mercado de titulizaciones hipotecarias, seguido por la contracción crediticia que, a su vez, provocó el comportamiento errático de los mercados mundiales de bolsas de valores, comodidades y divisas, sólo tiene una respuesta: dejar que el tiempo cure las heridas.  Los proponentes de esta idea arguyen que de esta manera se podrá evitar que la  situación vuelva a suceder ya que los principales actores del mercado quienes se vieron directa e indirectamente afectados por los errores que se cometieron aprenderán de sus faltas.

Este proceso de aprendizaje es la clave de la teoría puesto que, debido a que cada actor conoce mejor cómo resolver el problema, será el mercado mismo quien instaurará sistemas de regulación financiera asegurando las inversiones que resultaron tóxicas en el pasado año.  Básicamente, el niño que por cruzar la vía pública se rompió la pierna al ser atropellado no necesita que su madre lo encierre en la casa para protegerlo debido a que ya ha aprendido a no cruzar la vía pública cuando hay carros pasando.  Es lógico pues ha vivido las consecuencias.  El interés que tiene cada persona por su propio bienestar no le permitirá cometer los mismos errores dos veces puesto que su supervivencia misma está en juego.  Al fin y al cabo, la economía es cíclica, por lo que, todo lo que sube tiene que bajar y viceversa.

El problema que tiene esta solución es que no es una solución, sino una consecuencia y nadie está listo para resolver el problema utilizando la misma medicina que nos trajo a la situación actual.  Si fue la ideología laissez faire lo que nos sumergió en el agua hirviente de esta caldera, ¿por qué vamos a seguir quemándonos cruzados de brazos?  Porque la alternativa sería como echarle leña al fuego.  Un estímulo que inyecte miles de millones de dólares a la economía, provocaría una alta taza de inflación, empeorando así la situación.

Si el problema actual es que no hay liquidez suficiente para reiniciar el mercado, la inversión gubernamental sería sufragada por la producción de dinero que no existe aumentando consigo la inflación. Los proponentes de este escenario han advertido de la debacle económica mundial que se desataría de tomar cartas en un asunto que, según ellos, no merece respuesta alguna más allá de tomarse una aspirina y aguantar la resaca. Pero, si hace tan poco sentido la idea del estímulo económico, ¿por qué tanta gente lo respalda? Porque consideran que el riesgo de inflación no sobrepasa el daño que nos espera en esta penuria.

World Economic ForumEl Fondo Monetario Internacional ha estimado que el crecimiento económico mundial para el año 2009 será del 0,5%, a diferencia de la taza para los años anteriores que merodeaban el 5%. Este es un decrecimiento excesivamente atemorizante, considerando que se espera que la recesión se extienda por varios años.  El estímulo económico, bien distribuido, sería una inyección monetaria en las áreas donde más se necesita líquido.

No solamente serviría de fondo crediticio para empresas que hoy en día no tienen acceso al metálico que tanto requieren para sobrevivir sino que, a su vez, serviría de inversión en áreas en las que la economía podría aprovechar más fondos como en la remodelación de carreteras, puentes y edificios públicos, la educación, la salud y la producción de energía.

Por otro lado, a diferencia del asunto de falta de liquidez, las inversiones en la infraestructura social verían sus frutos en el largo plazo. El resultado de una política activa en la inversión social no se va a ver en días, meses ni probablemente en pocos años debido a la inmensidad de desarrollo requerido. No obstante, una vez materializadas las inversiones, sus frutos promoverán más desarrollo empresarial que cualquier jarabe para la liquidez.  Después de todo, si el problema es la falta de confianza en el mercado crediticio debido al riesgo incurrido, ¿por qué el aumento de dinero va a cambiar las actitudes de los prestamistas?  De hecho, este ha sido el caso, a pesar de que los bancos han recibido miles de millones de dólares con el famoso “bail-out”, la industria se ha mantenido reacia a reactivar sus negocios prestatarios.

Si se puede decir que en algo se estuvo de acuerdo en Davos, es que nos encontramos en una encrucijada mundial.  El planeta entero se ha montado en un barco y este se está hundiendo. Ahora bien, no se está de acuerdo con la mejor manera de enfrentar el naufragio.  Algunos prefieren que el barco se hunda pues de esta manera aprenderemos a nadar y una vez regresemos a la orilla construiremos un mejor navío.  Pero la mayoría quiere arreglar la barcaza y seguir navegando.  ¿Quién tiene la razón?  La historia lo juzgará, como dice el ex-presidente Bush. Pero si se puede coincidir en que todos sufrimos del mismo mal, la comunidad internacional debe entender que la respuesta no podrá ser unilateral, ni que solo los que se estén ahogando deberán aportar a la solución.  Este es un problema global y por consiguiente, debe resolverse desde la perspectiva que le corresponde, sea hundiendo el barco o reparándolo.

En la próxima aportación a este tema, se discutirá el asunto de la regulación y las opciones institucionales que podrían promoverse a nivel internacional.

Ambas fotos de flickr.com: #1 y #2 de World Economic Forum con licencias de Creative Commons.



2 Responses to “La respuesta global a los problemas económicos internacionales”

  1. Mercado o Estado?

  2. 2 Ian J. Seda-Irizarry

    Saludos,

    Creo que una manera mucho más acertada para ver la situación actual es comprender a la crisis financiera como un síntoma de un problema más grande y ese problema es el sistema capitalista como tal, el mismo que también nos tiene en una crisis energética, de alimentos, del hogar, ambiental etc etc. Hablar de que la solución es “regular” es obviar por completo como fue que llegamos aquí y qué estructuras de poder son las que permiten estas oscilaciones entre regulación y deregulación y porqué las mismas pueden ser comprendidas dentro de la lógica del capital de buscar expandirse.

    Creo que si algo queda claro sobre la presente coyuntura es que necesitamos nuevas maneras de pensar, tal vez fundamentadas en otras maneras de pensar que han sido, por varias razones, puestas al margen


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