General Motors y el deber del estado

03Jun09


Por Gabriel Ricardo Mulero Clas
Para IPEC

General Motors se ha ido a la bancarrota.  El conglomerado más icónico de la era automotriz ha caído de rodillas frente al estado para que este lo proteja de sus acreedores.  No es fácil comprender esta noticia, particularmente cuando se cree que la bancarrota es el fin de la empresa, pero, por más estéticamente desagradable que sea esta palabra, la realidad es que el proceso representa una nueva oportunidad para el gigante norteamericano y una gran responsabilidad para el estado nacional.

En junio primero, los abogados de GM sometieron su petición de bancarrota ante la Corte de Quiebras del Distrito Sur de Nueva York.  En ella, especifican que encaminarán el procedimiento bajo el Capítulo 11 del Código de Quiebras.  A diferencia de lo que mucha gente cree, la bancarrota o quiebra comercial, no necesariamente implica el fin de la empresa.   Existen básicamente dos procedimientos.  El primero y más común es el Capítulo 7 cuyo resultado es la liquidación de los bienes de la empresa para sufragar sus deudas y pagar a sus acreedores.  En este procedimiento, la empresa normalmente cierra.

la quiebra que no se quiebra

La segunda alternativa viable, la escogida por GM, es el Capítulo 11.  Este procedimiento se define como una reorganización del negocio mediante un plan cuyo resultado busca ser la satisfacción de todas sus deudas manteniendo viva la empresa.  En este procedimiento la empresa no cierra, por el contrario, se mantiene en operación siguiendo un plan.  Este tipo de procedimiento es complicado debido a las negociaciones que deben hacerse entre la empresa y sus acreedores para convenir en el plan y según el déficit en las cuentas de GM ($82,29 mil millones en activos y $172,81 mil millones en pasivos) y la diversidad de sus acreedores, pasarán años para que GM salga airoso si es que sale vivo.

El propósito del Capítulo 11 es proteger tanto a la compañía como a sus acreedores para que al final del camino todos salgan satisfechos.  Sin embargo, no se puede decir lo mismo de sus trabajadores ni de la red de concesionarios que por años han estado vendiendo sus productos.  Si bien es cierto que las obligaciones actuales a los empleados (ie. el pago de sus salarios) están a la cabeza de las prioridades (estas llegan a $23,228,600,000), esto no significa que no vayan a cerrar fábricas o eliminar concesionarios pues esto es precisamente lo que ha estado, está y continuará ocurriendo: Hummer, Saab, Saturn y Opel se han puesto a la venta y Pontiac ha sido descontinuada; hasta 14 fábricas están por cerrar; y como resultado miles de concesionarios han perdido el negocio.

un mal necesario

Es precisamente esto lo que el Presidente Obama y su equipo en el Tesoro han estado tratando de evitar desde que se otorgó el estímulo a Detroit.  Pero la verdad es que esta bancarrota, junto con la de Chrysler, son horrores necesarios.  El horror se verá en las caras de los empleados cesanteados y los vendedores abandonados quienes se verán obligados a reorganizar sus vidas pero la necesidad nace de otro problema.  Por años, los tres grandes, Ford, Chrysler y GM habían ignorado serias desventajas en sus negocios como el diseño, control de calidad y manufactura.  Si no fuese por la quiebra, la gerencia de GM no se hubiese dado cuenta de que el rumbo que llevaban era insostenible.   Quizás sí lo sabían, pero no habían hecho nada al respecto o por lo menos no lo suficiente.  Esta cachetada es necesaria para que quienes tomen el rumbo de la nueva GM no caigan en los mismos baches.

Pero tampoco es para cruzarnos de brazos.  Si bien es cierto que cientos de miles de personas se verán afectados por las cesantías, la actitud apropiada ante la adversidad es la esperanza y la acción es el empresarismo.  La economía se encuentra en crisis pero ya da indicios de recuperación.  El mercado ha estado en aumento durante las últimas semanas y el plan de estímulo económico de Obama ha comenzado a concretarse.  El optimismo rodea a Wall Street, pero esto no significa que los desempleados tengan las herramientas para incursionar en el sector privado.  Por años han estado haciendo el mismo trabajo y la opción de abrir un negocio propio no es una alternativa viable para muchos.  No gozan del conocimiento necesario, carecen de fondos propios para asumir tales riesgos y el crédito es casi inexistente.

el deber del estado

Entra el Gobierno.  Si jamas existiese una situación en la cual el Gobierno pudiera hacer un verdadero cambio, es esta.  De la misma manera en que han dispensado fondos a los bancos y empresas para que estos resuelvan sus problemas deficitarios y de liquidez, es imprescindible distribuir fondos a programas encaminados a recapacitar a los desempleados.  Las empresas necesitan dinero de la misma manera que el ciudadano necesita conocimiento para poder prosperar.  Un conjunto de programas que, por un lado, reeduquen a la población en materia empresarial mientras que, por otro, faciliten el crédito necesario para emprender es el primer paso para sacarlos del meollo en que se encuentran, cosa que indirectamente nos afecta a todos.

En la medida en que estas familias no consigan ser socialmente productivas, los que actualmente se encuentran produciendo verán sus estilos de vida caer en detrimento sino es que terminan sufriendo del mismo mal.  Si los recientemente desempleados dejan de consumir, quienes producen deberán disminuir su producción lo cual se reflejaría en más despidos.  Es un círculo vicioso que solo el Estado puede resolver pues es el único con suficientes recursos y con el deber social para meter las manos en el asunto.  Al fin y al cabo, esta alternativa es mucho menos socialista y más productiva que la adquisición del 70% de los activos de la empresa.  Si pudimos hacerlo en la post-guerra con el G.I. Bill, ¿por qué no podemos hacerlo ahora?

GM es una gran empresa que en realidad representa una pequeña parte de la economía, pero al caer una, caerán más.  Si el gobierno no le pone fin a esta espiral y encamina sus esfuerzos a recapacitar el gran recurso humano del cual goza, me temo que el resultado sería el fracaso del estado frente a sus ciudadanos con una economía por debajo de las expectativas.  La falta de acción por el Estado ante la masa de despidos sería inaceptable.



2 Responses to “General Motors y el deber del estado”

  1. Hola.

    Me he encontrado este blog por casualidad y me ha encantado. Volveré a visitarte. Sigue así. Saludos.

  2. 2 ricard sabadell feller

    a existido una negociación de acreedores y empresa ?
    quien a tomado la decision de seguir, los acreedores o el gobierno ?
    se diferencia entre: bonos y intereses de los bonos ?
    un saludo,
    Ricard


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